La relación de amistad entre el jefe de Estado y el gremialista camionero cambió en los últimos tiempos. Los abrazos cariñosos cambiaron por una frialdad que no deja de agigantarse.

 

Por Fernando González
Nota publicada en el diario Clarín.

 

Se conocen desde hace mucho tiempo. Mauricio Macri tiene relación con los “Gordos” desde que era el hijo de Franco. Los frecuentó como empresario, como presidente de Boca y como jefe de gobierno porteño. Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Gerardo Martínez. Todos ellos lo trataban como a un amigo hasta que llegó a Presidente. Entonces las cosas cambiaron. Nació una tensión que hasta hoy permanece irresuelta. Ni siquiera haber nombrado a Jorgito Triaca, el hijo de otro sindicalista histórico, suavizó las cosas.
La relación tuvo un primer año de calma, pero en 2017, cuando un paro general le complicó los meses previos a las elecciones legislativas, Macri empezó a cambiar los abrazos cariñosos por una frialdad que no deja de agigantarse. Después de otra movilización gremial echó a Ezequiel Sabor y a Luis Scervino, dos funcionarios del Ministerio de Trabajo de buena sintonía sindical. Y el segundo de ellos a cargo de los fondos millonarios de las obras sociales que siempre desvelan a los muchachos emprendedores.
Claro que ahora el terremoto amenaza con derrumbar aquellos vínculos del pasado cercano. Ya había caído preso el poderoso “Caballo” Suárez y, en la provincia de Buenos Aires, también se desmoronó el imperio violento del “Pata” Medina. Pero la detención en Punta del Este del exhibicionista Marcelo Balcedo y el operativo policial que terminó con las extorsiones de Humberto Monteros en Bahía Blanca abrieron un abismo entre el Presidente y los gremialistas de una profundidad aún desconocida.
Macri y Moyano vuelven a jugar con fuego. ¿Se quemarán? Un hombre de confianza del Presidente, el jefe de la estratégica Unidad de Información Financiera, Mariano Federici, es quien está iluminando el laberinto financiero que une al gremio del último líder de la CGT con las empresas de su esposa y el resto de su familia. Los próximos meses dirán si se trata de una estocada a fondo para romper el poder de la realeza sindical o si apenas es otro capítulo de una negociación que nunca se muere.
Macri tiene otra herramienta perfecta para demostrar si el cambio va en serio o no en el plano sindical. El proyecto de ley de Etica Pública que prepara la Oficina Anticorrupción tiene un artículo que incluye un decreto presidencial para que los jefes de los gremios y los directores de las obras sociales estén obligados a presentar declaraciones juradas. De eso modo, ni los “gordos” ni sus familiares podrán esquivar la lupa sobre sus bienes. Sólo falta que el superintendente de Servicios de Salud, Sandro Taricco, responda el pedido de Laura Alonso. Eso querrá decir que el Presidente le ha dado luz verde.
Los “gordos” y las extorsiones fueron el viernes uno de los temas de conversación entre Macri y María Eugenia Vidal, quien terminó siendo una sorpresiva verdugo de los temibles y enriquecidos gremialistas de la construcción bonaerense. El ímpetu de la Gobernadora siempre ejerce una fascinación especial sobre el Presidente. Mientras ellos comían delicias patagónicas en los bosques de Cumelén, la denuncia contra los Moyano por lavado de activos caía en un juzgado penal económico. El final es impredecible. Quienes creían que este año iba a ser tranquilo por la ausencia de elecciones todavía no entendieron que el huevo de la serpiente se cocina en la Argentina mucho más rápido que en cualquier otro lugar del planeta.

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