Organizaciones solidarias y coordinadores de estos centros de asistencia coincidieron en que hubo un aumento en la cantidad de concurrentes, inclusive de personas mayores de edad.

 

A fines de noviembre del año pasado El Litoral advirtió sobre un incremento en la cantidad de personas que asisten a los comedores barriales, esos espacios gestionados por gente que dedica el tiempo libre de su vida a cubrir una carencia que es responsabilidad del Estado y sus autoridades. Los gobiernos aportan asistencia a partir de módulos alimentarios, cajas de comida y algún que otro mobiliario, pero resultan parches para un combo de necesidades que se amplifica con el aumento de la población (ver recuadro en la página 11).
Es que, según habían detallado desde algunos comedores consultados, la cantidad de niños y niñas que recibían fue creciendo en los últimos tiempos, y fue más notorio durante el 2017. A la vez, la capacidad operativa de estos centros comunitarios se mantenía igual, tanto en materia de recursos económicos como humanos.
Pasadas las fiestas de fin de año, la labor de los comedores sigue en pie, quizá no con tanta asistencia oficial debido al receso estival, pero sí con las mismas carencias de hace tiempo. En este contexto, las organizaciones solidarias juegan un papel importante, ofreciendo su granito de arena para ayudar a las personas necesitadas de las comunidades. Son grupos que conocen la realidad de estos espacios de primera mano, ya que suelen ir todos los fines de semana para alegrar la tarde de los chicos y chicas, entregarles donaciones de ropa y juguetes e inclusive ayudarlos con sus tareas escolares.
Ejemplo de esto es la Fundación Sí, una organización radicada en Corrientes desde 2013 y cuyos voluntarios ayudan a algunos de los comedores barriales de la ciudad con las actividades antes mencionadas. Con su experiencia de abordaje territorial, estas entidades también pueden corroborar el incremento que se viene registrando en los centros comunitarios donde operan.
“Comencé a trabajar en la fundación en 2014 y desde entonces notamos que el número de chicos que asisten a los comedores está creciendo, y aparte porque nos lo  cuentan los coordinadores de estos comedores”, comentó a El Litoral uno de los integrantes de Sí, Mauro Ramírez.
Sin embargo, el voluntario remarcó que no sólo son los más chicos los que van a buscar un plato de comida, sino que muchas veces son los propios padres los que acuden por asistencia. “La encargada de uno de los comedores con los que trabajamos me dijo que además de los chicos van las familias enteras, con los padres”, indicó.
Para complementar esto, desde el comedor “Las manitos Corrientes” del barrio Cichero, habían asegurado que suelen recibir a algunas personas que habitan en el parque Mitre o en lugares cercanos. Se vive la misma situación en el comedor “Corazón Contento” del barrio Patono. Isabel Ríos, la coordinadora de dicho espacio, contó a este medio que “no solamente son chicos, acá son personas mayores y familias enteras con cuatro o cinco adultos las que vienen con sus hijos a buscar la merienda”.
“Corazón Contento” brindaba hasta el año pasado almuerzos, pero ahora sólo otorga merienda debido a la dificultad que tienen para conseguir carne. “Desde el 88 que estoy con el comedor y he visto entre tres o cuatro generaciones acá, hay grandes que vienen a buscar la comida con sus hijos, e inclusive algunos que ya no los conozco más se me acercan y me dicen ‘yo iba a su comedor’”, relató Ríos.
Por otro lado, en el comedor “Piecitos Descalzos” del lugar denominado Punta Taitalo, también cuentan con un porcentaje de asistentes mayores de edad. Según comentaron, si bien los pequeños son mayoría, hay adultos que se acercan al centro comunitario por un plato de comida, sobre todo las madres de la zona.

¿Qué Sentís?

    Compartir el voto en Facebook
    Ud. ya ha votado el artículo

    + Obras & Servicios

    Tapas del día
    Columnistas