Los seres humanos fuimos creados con libre albedrío, es decir, con la capacidad de elegir. Dicho atributo incluye dos elementos que muchas veces pasamos por alto: el querer y el hacer. 

Por Bernardo Stamateas
Colaboración Especial 

¿Qué es el querer? La motivación, la cual consiste en “imaginación con fe”. Para estar motivado, tenés que imaginar y a eso, sumarle fe. Por ejemplo, si estás leyendo esta nota en tu trabajo, podés imaginarte que, cuando llegues a tu casa, habrá una buena noticia esperándote. O si estás en tu casa, que cuando llegues el lunes al trabajo, tendrás un aumento en el sueldo. 
Nuestros próximos años dependerán de lo que hoy estemos imaginando. De la motivación que tengamos. La imaginación es un don que nos ha sido dado y nos permite pensar escenarios para adelante. De esa manera, se produce el querer. Aunque a nuestro alrededor, las circunstancias no sean las ideales y nos sintamos un poco bajoneados, podemos automotivarnos siempre imaginando lo mejor. 

Un motivo 
Cuando el famoso rey David fue a pelear contra el gigante Goliat, preguntó cuál era el premio. ¿Por qué? Para motivarse. Cuando alguien dice: “Necesito que me motiven, estoy deprimido”, esa persona tiene que imaginarse lo que desea ver en su vida con esperanza. Tal actitud la fortalecerá interiormente y le permitirá accionar para alcanzar aquello que vio primero en su interior (el hacer). 
Cuando un escritor escribe un libro y luego se convierte en una película de terror, la gente la ve y se asusta. Pero cuando él lo escribe no se asusta, al contrario, está contento. ¿Por qué? Porque se imagina vendiendo su libro y produciendo la película basada en este. 

Cuestión de fe
Si anhelamos un futuro extraordinario, necesitamos entrenarnos en tener una visión interior del mañana basada en la fe. Una visión de nuestra vejez, de nuestra familia, de nuestra situación financiera y de todo aquello que queramos con fe.
Recalco “con fe” porque el miedo también es imaginación, pero sin fe. En el miedo también imaginamos pero a eso, no le sumamos fe. En este caso, podríamos imaginarnos llegando a casa y recibiendo una mala noticia, o llegando mañana al trabajo y siendo despedidos. ¿Por qué nos produce miedo pensar en esas cosas? Porque se trata de imaginación sin fe. 
Los seres humanos somos muy sugestionables y fácilmente nos podemos sugestionar e imaginar cosas sin fe. Cuando mi miedo (mi imaginación sin fe) aumenta, mi motivación (mi imaginación con fe) disminuye. Si yo imagino que me voy a enfermar, crece mi imaginación sin fe y disminuye mi imaginación con fe. Pero si yo alimento mi motivación o imaginación con fe (el querer), mi miedo disminuye.

Moverse  
Todos alguna vez le hemos dado vueltas y vueltas en la cabeza a un tema de relación de pareja, o de salud o financiero, y nos quedamos estancados en eso. La única manera de vencer esa ansiedad es haciendo algo, moviéndonos. No hay otro camino. Por eso, la frase más poderosa que podemos expresar en cualquier situación es: ¿Qué puedo hacer? 
La gente de imaginación con fe y de acción, se vuelve segura y nada ni nadie la puede detener. 

EL DATO 
Si tenés alguna inquietud, podés escribir al doctor en Psicología, Bernardo Stamateas, al mail Bernardoresponde@gmail.com

DESTACADO 
Si anhelamos un futuro extraordinario, necesitamos entrenarnos en tener una visión interior del mañana basada en la fe.

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