Por José Ceschi

Buen día! ¡Niños esclavos? ¿En la Argentina? Puede sonar raro, pero en nuestro querido país también existen niños esclavos. ¿Recuerda el caso de Carlitos, aparecido en todos los medios? Tenía solo 8 años cuando, con engaños, un adulto de 50 lo sometió a una verdadera esclavitud, usándolo para pedir limosnas; además de matarlo de hambre, golpearlo con la hebilla del cinto y atarlo de noche para que no escapara. El calvario duró una semana, hasta que fue rescatado por la policía, y el secuestrador encarcelado.
El cautiverio y los malos tratos fueron bajando las capacidades defensivas del niño. Vea lo que dice al respecto el médico psicoanalista Juan Carlos Vulnovich:
“El terror cumplió con la función de reforzar la transitada paradoja por la cual a mayor maltrato, menos derecho a rebelarse. El pibe quedó ‘cautivado’ por el adulto que lo ató a la cama, le impidió cumplir con las necesidades más imperiosas de alimentación e higiene, lo obligó a mendigar, lo amenazó, seguramente, con peores castigos si se atrevía a desobedecerlo. Pero, por sobre todo, el adulto se apropió de la capacidad de reacción y, así, el pibe se quedó sin posibilidad de revertir la situación usando sus recursos. El pibe se quedó sin permiso ‘interior’ para escapar. El terror hizo que quedara esclavizado desde dentro. Mientras el amo descansaba, él mendigaba y cumplía obedientemente la tarea asignada. Ahí, ya no hacía falta vigilarlo desde afuera. Ahí, ya el proceso del sometimiento estaba consumado.
Los moretones son, así, el testimonio ineludible de los golpes recibidos en el cuerpo. El sometimiento es el testimonio ineludible del terror soportado por el alma. Y el adulto no hizo otra cosa que poner en evidencia, tal vez de manera aumentada y corregida, la violencia del sistema que se ensaña con nuestra infancia. Con nuestra infancia toda, tomada como rehén”.
¿Cuántos niños mendigos, varones y nenas, pueden verse en las calles? ¿Quiénes son los adultos que los explotan? Son algunas de las muchas preguntas que merecen responderse. Y una más que necesita respuestas urgentes: ¿Qué hacen los poderes públicos para cambiar las cosas?
¡Hasta mañana!

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