Un sorprendente hecho de un avistaje cercano sucedió antes del amanecer del 20 de diciembre de 1978, en la localidad de Caá Catí, en una arrocera donde se encontraba trabajando en el campo con un tractor, Valeriano Galarza. El peón vivió una sorprendente experiencia de contacto que lo dejó marcado.

Por Francisco Villagrán
Especial para El Litoral

Eran alrededor de las 4 de la mañana, vi en el cielo una luz muy fuerte que se aproximó sobre mí hasta quedarse suspendida arriba del tractor, a unos 20 metros de altura más o menos. Parecía como si se cambió una estrella, pero era mucho más grande. Apagué la luz del tractor para poder ver mejor. Vi entonces que era un gran objeto de apariencia metálica, plateado, que estaba suspendido en el aire, iluminando todo el campo a su alrededor con una luz blanca muy potente, con algunas tonalidades rojizas. Calculo que el objeto tendría unos 20 a 30 metros de diámetro, estaba en silencio, sólo había un ruido que no era muy fuerte, similar al ruido de una máquina de coser. No pude ver bien porque la luz era muy fuerte y me encandilaba”.
De esta manera, casi atragantado por la secuencia, relató la experiencia de hace 40 años el testigo en declaraciones a El Litoral en ese época, 1978. 
“Cuando lo vi -prosiguió- me quedé como paralizado, no podía moverme y solo atiné a bajarme y ponerme al lado de la rueda del tractor para guarecerme, porque pensé que se me podía caer encima ese aparato desconocido. Habrá durado todo unos dos o tres minutos más o menos. Se encendieron cuatro focos muy potentes a los costados del objeto y en determinado momento surgió de un extremo una luz muy fuerte, potente, que iluminó todo el campo como si fuera de día. La luz dio una vuelta completa, girando, como si estuviera buscando algo, y después se apagó y el objeto comenzó a elevarse lentamente; después desapareció a gran velocidad en el cielo, solo pude escuchar un ruido apenas, como un zumbido, parecido al de un panal de abejas, pero siempre estuvo muy silencioso. Yo apagué las luces del tractor, pero el motor se paró solo.
En ese momento no tuve miedo, pero después de que se fue y todo quedó a oscuras, tuve temor porque pensé que a lo mejor me querían llevar, que esa luz me estaba buscando, al menos me dio esa impresión. No quise seguir trabajando y corrí a contárselo a mi patrón, don Oreste Chequín, y le pedí que me cambie de turno, que no quería volver a trabajar de noche, aunque tenga que sufrir el intenso calor del día”.
Una vez que le pasó el susto, Valeriano Galarza intentó volver a trabajar de noche, pero le ocurrió que, llegando la madrugada, cuando le había sucedido todo, vio el planeta Venus o lucero del alba -como se lo llama en el campo- muy brillante en el cielo, se asustó y pensó: “Ahí están otra vez, seguro que vienen a buscarme”, y se bajó del tractor para no volver a trabajar de noche, definitivamente. De ahí en más siguió trabajando solamente de día ante la tremenda experiencia que lo afectó, sin duda. Experiencia que se llevó a la tumba, porque Galarza ya falleció hace unos años.

Testigo calificado
Valeriano Galarza nunca leyó ni escuchó nada sobre los Ovnis, no creía en la existencia de ellos, solo había escuchado recientemente una noticia que circuló sobre la experiencia que tuvieron dos pilotos participantes de un rally y nada más, por lo que se considera un testigo confiable, ya que a primera vista se nota que es un hombre sincero, incapaz de montar una mentira de este tipo. Además, coincide con otros casos similares en el mundo, como el caso del agricultor Vilas Boas, en Brasil, en 1958, que fue llevado al interior de una nave cuando también estaba trabajando en un campo.
Como secuelas de esta inolvidable experiencia, Valeriano Galarza sufrió un persistente dolor de cabeza y de vista durante unos 3 o 4 días posteriores a la experiencia Ovni, quizás por haber estado muy cerca de un poderoso campo electromagnético. Como un dato anecdótico pero importante para la investigación de la temática, se puede decir que a los pocos días de este suceso, fueron reportados avistajes de objetos similares al descripto por Galarza; incluso una flotilla en Resistencia, Corrientes, Concordia y Santa Fe, lo cual indica que sin duda estos objetos estaban incursionando por la zona en esos días.
En las adyacencias del lugar del hecho hay valetones, canales que llevan agua para el riego, en especial las arroceras, donde es fundamental esto, y la presencia de agua suele ser una pauta de comportamiento en estos casos, ya que los objetos voladores suelen andar por lugares donde hay agua, torres o cables de alta tensión, yacimientos minerales, etcétera. Este caso, considerado del segundo tipo porque no hubo descenso del objeto ni dejó huellas o marcas sobre el terreno, fue uno de los tantos ocurridos en la provincia de Corrientes desde 1975 en adelante. 

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