Esta ciudad experimental o extensión urbana en las afueras de Dorchester en el condado de Dorset, Inglaterra, fue desarrollada con los principios del príncipe Carlos. Los resultados 30 años después. 

En cierto momento de finales del siglo XX, el príncipe Carlos estaba tan desilusionado con la expansión urbana experimentada en el Reino Unido en la década de 1980, que decidió fundar una ciudad como él creía que debía ser una ciudad, llena de las cosas que le gustaban. Fue así como nacería New Poundbury, probablemente el pueblo más raro de toda Inglaterra.
Tras elegir una parcela de tierra de su propiedad, situada a las afueras de Dorchester, en el condado de Dorset, el príncipe Carlos empezó a crear una ciudad como si fuera una maqueta. La parcela forma parte del ducado de Cornualles, un conjunto de tierras de más de 500 kilómetros cuadrados que se extienden en 23 condados distintos.
Pero ¿qué tiene de especial esta ciudad? Esta comunidad, que tiene 1,6 kilómetros cuadrados y acoge a 5.000 personas, parece detenida en el tiempo, un tiempo pretérito, bucólico y bienintencionado.

Controlado 
Aquí no hay antenas de televisión porque afean el paisaje, como tampoco hay jardines ni aparcamientos frente a las casas para evitar dividir a los vecinos o entorpecer el paso. Todo lo que sea incómodo o fuera de su sitio, se retira de Poundbury.
Toda esta utopía, pues, se mantiene gracias a un complejo y detallado conjunto de reglas y normativas. Todo intenta ser tan bonito y ordenado que a veces se producen, con todo, algunas ironías. Uno de los ejemplos más risibles fue el siguiente. Siguiendo los principios del Nuevo Urbanismo, Poundbury tenía la intención de reducir la dependencia del automóvil y fomentar el caminar, el ciclismo y el transporte público. Una encuesta realizada al final de la primera fase, sin embargo, mostró que el uso del automóvil era mayor en Poundbury que en el distrito circundante (rural) de West Dorset. 
Las calles, además, suelen estar bastante vacías, porque la gente suele estar en sus casas o, si salen, lo hacen en coche.
Los planos urbanísticos fueron encargados a Léon Krier, conocedor de los diseños y principios urbanísticos de Albert Speer, arquitecto jefe de los nazis. Hay, con todo, muchos edificios bonitos, aunque sin estética definida: todo va del neogeorgiano hasta la típica mansión victoriana, pasando por el granero reconvertido.
Abunda en lo que podemos encontrar en las calles de esta singular población británica Simon Gardfield en su libro Cronometrados:

En cada esquina hay una asesoría financiera o una clínica privada (salud holística, paliativa, meditativa). Hay un pub, The Poet Laureate, y muchos comercios especializados: estores, bicicletas, novias. La industria mayor del pueblo es la fábrica de muesli Dorset Cereals, situada en la esquina noroeste del pueblo.
El pueblo, sin embargo, todavía está en obras. Poundbury debería estar terminado en 2025, momento en el cual alojará a las 5.000 personas (actualmente, solo aloja a unas 1.500). Veremos entonces hasta qué punto este pueblo un tanto utópico (o distópico) merece la pena.

Más info www.diariodelviajero.com

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