En varias oportunidades, en este mismo espacio, nos hemos referido al pontificado de Francisco, especialmente en lo que se refiere a los encuentros privados de ciertas personalidades y la relación con otros que el Papa considera conocidos y allegados.
Varias veces advertimos la necesidad de que el protocolo del vaticano tenía que “hilar finito” en lo que hace a las audiencias del Santo Padre, porque no fueron pocos los que utilizaron ese encuentro personal en beneficio propio.
Basta con recordar los encuentros de la ex presidenta Cristina Kirchner, sabido era su fobia hacia el entonces cardenal Jorge Bergoglio, pero una vez ungido Sumo Pontífice “sufrió” un ataque de “papitis”, algo así como una conversión por conveniencia, en uno de los cuales la ocasión fue aprovechada por La Cámpora y la fotografía de la ex mandataria y el Papa fue utilizada para hacer campaña política.
“Me siento usado” dijo no hace mucho el Papa Francisco. Lamentablemente muchos lo siguen haciendo.
El legislador Gustavo Vera, titular de La Alameda, se jacta de ser amigo del Papa. En los últimos días el Santo Padre tomó distancia de “sus voceros”.
El penúltimo día del 2016 se comenzó a imprimir en la Argentina L’Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano. Es la primera vez en 155 años que se imprime una versión local fuera del estado europeo, y se le agregan varias páginas de contenido argentino. En el primer número, el arzobispo Víctor Fernández, rector de la UCA, escribe un sugestivo texto titulado “Directo entero y sin voceros”, donde destaca la importancia del medio por sobre las distintas voces que dicen interpretarlo. 
“Es mejor leerlo de manera directa, sin voceros que lo hagan pasar por su propia ideología. Francisco habla a través de gestos, pero estos a veces pueden ser manipulados”, dice el artículo. 
Fernández es la persona de máxima confianza de Francisco dentro de la Iglesia local, y quien además fue el “ghost writer” de la encíclica papal “Laudato Sí”, el texto más importante que hizo Francisco. 
“La nota fue un palo para Vera”, aseguran varias fuentes. “El tema de los ‘voceros’ era uno de los problemas más serios en Argentina. La idea de L’Osservatore es quitar la palabra del Papa del barro de la política local”, dijo Santiago Pont Lezica, uno de los directores de la versión local. 
Jorge Milia, ex alumno de Bergoglio, al que visitó varias veces ya en el Vaticano, y autor de dos libros sobre el cura, fue más directo: el 9 de febrero publicó un texto en el diario La Nación, donde ataca con nombre y apellido. “Vera es capaz de utilizar a quien se le cuadre, creando rispideces de las que sólo él conoce el objetivo. Si el Papa niega el relato, multiplica su trascendencia. Si lo ignora, queda como que es verdad”. El propio Bergoglio habló del tema. “Hay mucha confusión sobre mis voceros en la Argentina. No hay más voceros que los oficiales”, dijo Francisco a mitad del año pasado, cuando Joaquín Morales Solá le preguntó si Vera era su portavoz.
El problema con los que cuentan en público que Francisco les dijo tal o cual cosa es que muchas veces terminan pisando las intenciones del propio Pontífice. Por eso el caso más notorio es Vera, que este año debe renovar su banca en la Legislatura, cuya imagen creció desde que el cura se puso la sotana blanca en el 2013: un ejemplo fue el último viaje de Macri al Vaticano, en octubre, cuando días antes de que se concrete, el legislador dio una entrevista donde decía que Argentina “estallaría” si no fuera por la “ayuda” de Bergoglio. El malestar que generó, justo en el momento en que el Papa intentaba descongelar la relación con el Gobierno, fue tal que el propio Presidente declaró que los “supuestos voceros aturden” con sus dichos.

¿Qué Sentís?

    Compartir el voto en Facebook
    Ud. ya ha votado el artículo

    + Opinión

    Tapas del día
    Columnistas