El verdadero amor respeta, valora y da a los demás, sin esperar recibir nada a cambio. Una parte de ese amor son las caricias para el cuerpo y el alma. 

Por Bernardo Stamateas
Colaboración Especial 

Los seres humanos nacemos con la necesidad de amar y ser amados. Pero no todo el mundo tiene el privilegio de conocer el verdadero amor. Este respeta, valora y da a los demás, sin esperar recibir nada a cambio.
Una parte importante de ese amor son las caricias, que son vitales desde el primer día de vida, porque son un estímulo poderoso. Las caricias de una mamá a su bebé es alimento afectivo, tan nutritivo como la leche e indispensable para un crecimiento sano. 
Un bebé precisa ser sostenido en brazos, mirado y acariciado. De esa manera, se siente amado y protegido. Cuando se convierte en un niño, además del contacto físico, necesita ser acariciado con acciones, como que lo lleven a la escuela, lo ayuden a hacer la tarea y le preparen cada comida a diario. Cada una de esas acciones es una caricia que recordará toda la vida. 
En la adolescencia, la mayoría de los chicos evitan el contacto físico y necesitan distanciarse físicamente de los padres. Pero aun así, tenemos que acariciarlos, sobre todo con acciones y palabras. Las palabras, al igual que las buenas acciones, acarician en forma de consejos, ideas o preguntas que demuestren interés. Todo colaborará para su salud emocional y evolución hacia la juventud. 
Aunque muchos crean que no, los ancianos también necesitan caricias físicas, de acciones y de palabras. Para ellos, las caricias físicas tienen que ser fuertes porque todo su ser está envejecido. A una persona mayor hay que darle un fuerte apretón de manos. Lo cierto es que desde el nacimiento hasta la vejez, todos necesitamos ser acariciados.

Contexto y disfrute
Pero, ¿qué ocurre con las caricias en la pareja? Con el tiempo, muchas parejas abandonan el hábito de acariciarse que era tan frecuente en los primeros años de la relación. Comparto dos ideas prácticas de cómo deberían funcionar las caricias entre dos personas que han decidido estar juntas:

1. Se debe respetar el contexto
En la pareja cada integrante evalúa el contexto de distinta forma. Así, por ejemplo, si ocurre que trabajan juntos, él quiere que ella le dé un beso en frente de los clientes pero ella no lo quiere besar en el negocio. En este caso, a él no le importa el contexto, sino el contacto físico; mientras que ella tiene en cuenta tanto la caricia como el contexto. Ella no desea ser vista en su negocio besando a su pareja y, si lo hace, no lo disfruta. Él nota su incomodidad y se lo reprocha. Es así como se inicia una discusión. Es fundamental respetar el contexto donde tiene lugar el contacto físico, de modo que satisfaga a ambos.

b. Los dos deben disfrutar
Siempre debe existir una mutua satisfacción, a la hora de acariciar al otro. Y esto aplica no solamente a una pareja. Si un abuelo, o un tío, quiere besar a un niño de su familia, es importante que la criatura esté dispuesta a recibir un beso. Nunca se debería forzarlo a un niño a hacer lo que no quiere, en estas cuestiones, ya que se trata de un ser humano con sentimientos propios y capacidad de elección. A nadie le gusta estar conversando con alguien y que, de pronto, una persona aparezca y lo tome por el hombro o le ponga la mano en la cintura. Quien se comporta así solo piensa en sí mismo, de ninguna manera está demostrando afecto. Una caricia o un beso sanos son aquellos donde las dos partes disfrutan y están de acuerdo en darlos y recibirlos. 

Empatía 
Un elemento fundamental para que dos adultos puedan disfrutar del contacto físico, a través de las caricias, es la empatía. Es decir, ponerse en el lugar del otro y estar seguro de que le gustan y las disfruta. Esta es la manera adecuada de acariciarse y debería ponerse en práctica a lo largo de los años. Muchos problemas de pareja surgen porque uno de los dos acaricia, con la mano, una acción o una palabra, en un momento en el que el otro no quiere ser acariciado. En una pareja sana, esto surge de forma espontánea porque cada uno se preocupa de conocer y respetar al otro. 
Valoremos el poder de la caricia física afectiva, que es una de las maneras de preservar el vínculo a través de los años. 

EL DATO 
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme aBernardoresponde@gmail.com

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