Apacible, colorida y bañada por un sol perenne, la bella Mérida conjuga arquitectura colonial y cultura maya, que la convierten en una joya del sureste mexicano. Gracias a estos atributos y a su rica historia, la principal ciudad del estado de Yucatán se ha convertido en la Capital Americana de la Cultura.

Por Martí Quintana Badosa
La distinción como Capital Americana de la Cultura le llega a Mérida por segunda vez tras lograrla en el año 2000. La llamada “Ciudad Blanca” sucede a la chilena Valdivia en ese reconocimiento, del que se han hecho acreedoras en el pasado Maceió (Brasil), Córdoba (Argentina), Asunción (Paraguay), Quito (Ecuador) o Barranquilla (Colombia).

Pasado y futuro
En 1542, el español Francisco de Montejo fundó Mérida sobre los vestigios de un centro ceremonial llamado Ichaansihó, que aún era usado por una red de cinco pueblos mayas que ocupaban la región.
El nombre no fue elegido al azar, pues aquellos primeros edificios religiosos recordaron al conquistador a los templos romanos de Mérida, capital de Extremadura, en el suroeste de España.
Con las piedras de las desaparecidas pirámides mayas se construyeron las calles del centro y muchos edificios coloniales, como la Catedral de San Ildefonso, la más antigua de la América continental.
De esta manera, se irguió una nueva urbe para los españoles. Una ciudad que, casi 500 años más tarde, continúa sumida en un hechizo que la vuelve atemporal, una mezcla de pasado, presente y futuro que transpira cultura ancestral.
La capital del suroriental estado de Yucatán, con sus cerca de 850.000 habitantes, es hoy el centro económico, cultural y turístico de esta región bañada por aguas del Golfo de México e inundada de verde selvático.
Un espacio donde la historia se entremezcla con el ocio, la industria y la educación, y que recientes proyectos culturales, como museos o festivales, se han encargado de impulsar con tesón.
Esos atributos tendrán un espacio de promoción único en 2017, pues los canales oficiales de televisión de Capital Americana de la Cultura se encargarán de mostrar los encantos de la ciudad a 25 países de América y Europa.

Tesoro arquitectónico
Un paseo por las calles empedradas del centro histórico devuelven al glorioso pasado colonial de Mérida, apodada por Felipe III con el lema “muy noble y muy leal”. Muchos de los edificios que se encuentran en esta zona fueron construidos durante esta época.
Por ejemplo, en el lado sur de la plaza central se ubica la Casa de Montejo, del siglo XVI, con estilo plateresco español, que sobresale por su monumental fachada de piedra labrada.
Otros edificios de interés en el corazón de la capital yucateca son el Palacio Municipal, con murales en su interior pintados por Fernando Castro Pacheco, el convento Franciscano, el templo de la Candelaria, el Arco de Dragones o la ermita de Santa Isabel, todos ellos construidos entre el siglo XVI y la primera mitad del siglo XIX.
Con la llegada del dictador Porfirio Díaz a la presidencia de México en 1876, arrancaron 30 años de mucha actividad arquitectónica que coincidieron con el esplendor del comercio del henequén, una planta autóctona usada por la industria textil. Se construyeron El Paseo de Montejo y la Avenida Reforma, cobijo de lujosos palacetes y mansiones que todavía a día de hoy siguen llenos de poderío.
Son además una muestra de la arquitectura ecléctica, que comprende cuatro tendencias: la neoclásica, afrancesada, manierista-barroquizante y neogótica.
Con la caída del henequén a mediados del siglo XX en el mercado internacional, superada por otros cultivos y por las fibras sintéticas, acabó una época de oro en esta ciudad que, sin embargo, sigue manteniendo edificios memorables.

Mérida XXI
En las últimas décadas Mérida se ha convertido en un vibrante centro cultural lleno de gente joven, residentes extranjeros y una gran cantidad de ofertas de ocio. Cuenta con una quincena de teatros y otras tantas salas de música, y ofrece interesantes eventos como el Mérida Fest, que se celebra en enero y derrocha arte en todas sus disciplinas.
Uno de los espacios más sobresalientes es el Centro Cultural de Mérida Olimpo, abierto en 1999 y un ejemplo de arquitectura contemporánea con reminiscencias del pasado.
Ubicado en la Plaza Grande, es un espacio de esparcimiento que alberga desde teatro a danza, artes visuales, ciencia o conferencias.
Además, tiene el privilegio de ser una de las ciudades más seguras del país. Y todo ello sin perder su talante habitual. Pues en la ciudad se hacen las cosas despacito, disfrutándolas, y es común ver a la gente andar sin prisa, o reposar a la sombra de una palmera o tumbada en una hamaca ante un sol a menudo abrasador.
Prueba de que tradición y modernidad se dan la mano en Mérida es el Gran Museo del Mundo Maya, ubicado a un lado del Centro de Convenciones Siglo XXI. El diseño del recinto recibió el Partnerships Awards 2012 en la sección “Proyectos Innovadores para la preservación del patrimonio cultural y su divulgación”.
El proyecto busca reflejar el universo que la cosmogonía maya estructuró en tres niveles -cielo, tierra e inframundo- y rendir homenaje a la ceiba; el árbol creador del mundo maya.
El museo exhibe una magnífica colección de más de 1.160 piezas que permiten conocer y entender cómo vivían los mayas de antaño y de hoy a través de objetos textiles, elementos religiosos, documentos históricos y acervos de la época prehispánica, que incluyen estelas, bajorrelieves y esculturas en piedra y vasija, entre otros. Ello aunado a actividades multimedia que enriquecen la experiencia del visitante.
Si se quiere saber más del pasado ancestral, se puede también visitar la zona arqueológica de Dzibilchaltún, una importante población maya que hoy se ubica apenas a 16 kilómetros del norte de Mérida.
Habitada desde el 500 antes de Cristo hasta la llegada de los españoles, en ella se han encontrado más de 8.000 estructuras, de las cuales, el Templo de las Siete Muñecas es la más conocida. En este sitio también se encuentra el Museo del Pueblo Maya y un parque natural que alberga 135 especies de flora, 47 de fauna y hasta 100 pozos naturales o cenotes.

Un placer en todo sentido
Imposible descubrir Mérida solo con la vista, pues la cultura yucateca es también una marea de aromas que no puede pasarse por alto. Su cocina irradia sabor con ingredientes tan poderosos, incluso atrevidos para muchos paladares, como el chile habanero o el adobo.
Además, la gastronomía de la región encarna a la perfección la fusión entre la comida tradicional y la hispana, y tiene el maíz como base.
Entre sus platos principales se encuentra la sopa de lima, la cochinita pibil, el relleno negro o blanco, el ‘poc chuc’ (carne de cerdo marinada y asada), el ceviche de pescado, pulpo o camarón, o los panuchos, unas deliciosas tortillas de maíz frita en manteca de cerdo con frijol, lechuga y carne, entre otros. Además, se usan todavía alimentos autóctonos y ancestrales, como la pepita de calabaza, el achiote o la chaya.
La ciudad cuenta con más de 500 restaurantes para todos los bolsillos y preferencias. Desde la cocina más tradicional, en restaurantes que a menudo ofrecen música autóctona en directo como la jarana o algún entretenido espectáculo, a otras ofertas gastronómicas que, de nuevo, maridan pasado y presente. La esplendorosa Mérida de ayer, con la vibrante Mérida de hoy.

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