Lucas Monzón, músico y compositor de Hermoso Campo, Chaco, estará presente en la 27ª Fiesta Nacional del Chamamé y 13ª Fiesta del Chamamé del Mercosur.  En esta semblanza repasamos su niñez, su crecimiento musical, su paso por Amandayé y su lanzamiento como solista.

 

POR PAULO FERREYRA
paulo.ferreyra@yahoo.com.ar
Especial para El Litoral

Los dedos aún se están formando y entre ellos retozan sonidos que se hacen soles en sus ojos. Lucas Monzón es de Hermoso Campo, por circunstancias de la vida su madre dio a luz en Charata, pero él se gestó y crió en este pueblo del interior de la provincia del Chaco. “Mi pueblo es Hermoso Campo. Si querés poné eso porque estaría bueno. Soy de Hermoso Campo”, insiste y suelta la primera sonrisa de la tarde.    
Lucas Monzón nació el 2 de marzo de 1984, y de su pueblo recuerda los vínculos con los amigos del barrio. “Un pueblo es como un gran país que está dividido por ciudades que son los barrios.  Cada barrio tiene su grupo de amigos que no llegan tan fácilmente a otro barrio. Recuerdo que en Hermoso Campo ir al Barrio Fonavi era como ir a Buenos Aires.  También estaba el barrio Las 40 donde vivían los mellizos Basualdo”, explica y por momentos sus ojos se vuelven al pueblo y le llueven recuerdos.  
“El mayor esplendor de júbilo de la niñez lo vivíamos a la siesta. Era salir y explorar todo.  En mi barrio estábamos a una cuadra de campos sembrados y después el monte chaqueño. Ir a esos lugares era lo mejor que te podía pasar”, cuenta.  En ese entorno surgió la música. La música y la lectura estaban en su casa. Sus padres escuchaban mucha música, había libros y en la familia había una gran avidez por la lectura. 
“Mi viejo quería que yo fuera músico, su sueño más grande era que yo me dedicara a la música y que esa fuera mi profesión, todas esas cosas me quedaron muy calado”, desliza. Alfredo Monzón, su padre, tenía un grupo chamamecero, organizaba bailes en Campo Hermoso y a su casa iban músicos como Monchito Merlo, Coquimarola, entre otros. 
A los cuatro años Lucas Monzón tuvo su primer acordeón, a los cinco comenzó a tocar y a los seis ya hizo su presentación en público. Todo como un torrente, una lluvia de emociones y anhelos corrían por sus dedos. “En Hermoso Campo -repite- había dos clubes, el club San Jorge de aquel lado de la vida y el Club Sportivo de éste lado de la vida. Nunca entendí mucho esas cosas. Pero a los seis años toqué en público en el Sportivo con un tema que le había compuesto a mi madre, ‘a mamá Luisa’. En esa presentación me acompañó mi padre tocando la guitarra”, relata y vuelve a sonreír, hace una pausa y sorbe un mate. Luego seba uno e invita con una sonrisa en el rostro que no se borra fácilmente. 
Lucas creció en su pueblo, pasó por la escuela primaria y secundaria. Aún guarda de ese lugar el olor a pasto quemado, a la gramilla cuando llueve o a la tierra mojada.  La torta frita en días de lluvia.  Advierte que cada lugar tiene el aroma de los árboles del pueblo o la ciudad, en Hermoso Campo había Paraísos, Itines, entre otros. Los Itines tienen hojas alargadas, como hilos y son árboles altos, muy altos, cuando hay viento producen un sonido especial.  Lucas Monzón compuso un tema que tituló “verde profundo”, “fue un intento de dedicarle una melodía a las tardes amarillentas, a las tardes de ese verde especial del pueblo, sus árboles, el destello y el contraste al sol”, comenta.
Después del secundario se fue a Charata, la ciudad de su mamá, ahí comenzó a estudiar música. Se había puesto como objetivo leer y escribir música.  En esta localidad tuvo su primer desarraigo; extrañaba su pueblo pero también ahí pudo construir amistades que se constituyeron  en hermanos para toda la vida.  En esta localidad también tuvo un paso fugaz por el profesorado de letras, “mi centro y mi foco siempre estaban puestos en la música”, advierte.
Años más tarde se fue a vivir a Resistencia, Chaco.  Antes de instalarse definitivamente conoció a Uli Gómez quien lo acercó a Amandayé. “Esa fue una etapa importante en mi vida. Ha sido tan vertiginosa la vida que algunas cosas recuerdos y otras no.  Con Amandayé viajamos a Estados Unidos en el 2008.  Con ellos aprendí el oficio, fue una experiencia hermosa. Haber tocado con Amandayé me ayudó a tener entrenamiento para acompañar a los cantantes. Además conocimos a mucha gente e hicimos muchos amigos en este camino”, cuenta. 
La charla con Lucas Monzón tiene lugar en su casa, en Resistencia, Chaco. Tomamos mate, un ventilador sopla de a ratos o por turnos para refrescar algo en la tarde calurosa de martes. No llevamos reloj y sólo nos vuelve el tiempo cuando los celulares se encienden en la mesa, los dos están silenciados. A la hora de hablar de los materiales discográficos grabados, Lucas vuelve una y otras vez a su vida musiquera de Hermoso Campo. Hace pausas, vuelca alguna anécdota y finalmente concluye: “Cuando tenía 14 años grabé dos cassette en Buenos Aires, uno de ellos tenía el título de ‘Despacito por la orilla’, el otro no recuerdo en este momento. Esos cassettes se hicieron para el entorno de las bailanta donde tocaba. Después grabé otro material muy casero cuando ya se podía grabar en computadora y lo grabamos con Gabriel bajo el título de ‘Escalera al sol’.  Años más tarde aparecerán ‘Verde Profundo’ y el más reciente -editado en el 2014- ‘Noctámbulo’.  No niego estas grabaciones así que podemos concluir que llevo cinco materiales discrográficos”, concluye.
Los detalles de sus discos se profundizan hasta que finalmente abordamos la Fiesta Nacional del Chamame. “Creo que no toco para encantar al público en la Fiesta”, dispara y hace una pausa. “Uno aprecia que desde la organización de la Fiesta se incentive a los músicos a que presenten nuevas propuestas, que hagan nuevas cosas, que sigan componiendo, de que se graben discos y que se vean estéticas musical nuevas”. 
“Nosotros no vamos a provocar el aplauso fácil o el sapukay. Nuestro repertorio tiene temas que son pocos escuchados, no son difundidos en las radios, entonces el público tiene que tener una percepción más aguda porque el tema en muchos casos les es nuevo.  Además no nos vamos a enemistar con el público porque no gritan un sapukay cuando en realidad la música que tocamos no genera esa reacción.  Creo que en la fiesta hay varios caminos para llegar al público”, desliza y vuelve, “sin dudas que hay varios caminos para llegar al público”. 
Lucas Monzón conformó un quinteto para esta edición de la Fiesta. Estará acompañado por Atilio Notargiocomo, Emmanuel Alvarez, Mariano Parrilla y Nahuel López Pontón.  “Vamos a tocar temas nuestros”, insiste.  Por último hablamos sobre la búsqueda del sonido propio, de la identidad musical y Lucas Monzón se retrae, su cejas se elevan y bajan; mira el mate, alza la mirada como buscando las palabras más acertadas. “Lo que intentamos hacer ahora es ir más allá de los géneros. Crear un sonido que sea agradable,  criterioso, sincero con la música.
No pienso que he encontrado una sonoridad pero sí pienso que me gusta componer.  Disfruto mucho el momento, disfruto tocar y hacer música”, desliza y vuelca toda el agua del termo en el mate. “El último mate. Quién toma, vos o yo”.

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