Seguimos permitiendo que el marketing de los estupefacientes y del alcohol banalice el consumo asociándolos a la diversión, la amistad, la alegría, los valores positivos. La lucha contra esta adicción requiere actuar sobre la demanda y eso es responsabilidad de todos: familia, escuela, credos, organizaciones civiles, clubes, empresas, el mundo del espectáculo.

 

Por Horacio Florencio Reyser (*)
En Arroyo Seco, provincia de Santa Fe, una chica de 20 años, Giuli, murió como consecuencia de haber consumido drogas en una fiesta electrónica. Ya nos habíamos olvidado de Time Warp en Costa Salguero y volvemos a lo mismo. Estos hechos ocupan espacios importantes en los medios de comunicación, en la opinión pública y al poco tiempo dejan de estar entre nuestras preocupaciones prioritarias.
Cuando ocurren tratamos de encontrar los culpables, nos preguntamos si hubo adecuado control, si estaban las autorizaciones correspondientes, si era droga de la “buena” o de la “mala”, si había suficiente agua. La muerte nos conmueve y reaccionamos, pero por poco tiempo. Si estos episodios dolorosos no nos mueven a desarrollar acciones preventivas sistemáticas que involucren al Estado y a la sociedad en su conjunto, estos hechos seguirán ocurriendo. La drogadicción es hoy en nuestro país una pandemia, una enfermedad a la que miramos desde afuera sin hacernos cargo ni comprometernos para prevenir la demanda y para ejercer controles que no permitan que se generen ambientes propicios para el consumo de drogas. Llevamos mucho tiempo sin hacer lo que debemos; ni desde el Estado ni desde la sociedad civil hemos sido claros, tenemos un discurso que no ayuda a que la sociedad tome conciencia de la gravedad del problema y sus consecuencias. Seguimos permitiendo que el marketing de las drogas y del alcohol banalice el consumo asociándolos a la diversión, la amistad, la alegría, los valores positivos.
Nos preguntamos qué es lo que impide que se implementen acciones efectivas que ayuden a que la sociedad tome conciencia del nivel de exposición que tienen nuestros chicos ante el avance sin límites de la producción, comercialización y el consumo de drogas. Qué más tiene que pasar para que reaccionemos y nos pongamos en camino. Es cierto que las acciones policiales son indispensables para combatir el delito asociado al narcotráfico, pero esa es una parte del problema: combatir la oferta. La lucha contra los estupefacientes requiere actuar sobre la demanda y eso es responsabilidad de todos: familia, escuela, credos, organizaciones civiles, clubes, empresas, el mundo del espectáculo. Y, en particular, el mundo de las fiestas.
Las fiestas electrónicas, los recitales y los boliches son ámbitos donde permanentemente suceden hechos dramáticos vinculados con el consumo de alcohol y drogas, muchos de los cuales terminan en la muerte. No es posible seguir esperando que sucedan nuevos hechos. Es necesario implementar de inmediato efectivas medidas preventivas y de seguridad con claras responsabilidades en cada uno de los temas.
El Gobierno nacional en varias oportunidades ha dado muestras de sensibilidad ante el problema de las drogas, incluso ha declarado la emergencia en adicciones. Es urgente la implementación de las medidas programadas.
Hay un pasaje del Libro del Génesis en el Antiguo Testamento que relata la historia de Caín que mata a su hermano Abel. Dios pregunta a Caín: “¿Dónde está tu hermano?” Caín trata de dar explicaciones ocultando que había matado a su hermano, pero el Señor le dice: “¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo”.
Ante esta nueva muerte por la droga en una “fiesta electrónica”, el Señor seguramente nos estará preguntando: “¿Qué has hecho?” ¿Qué le contestaremos?

(*)Miembro del Observatorio de Prevencion del Narcotrafico. Nota publicada en el diario La Nacion.

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